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Entro al Cole todos los días y me aterra ver su estructura: un patio central y dos bloques que lo rodean… no hay intención de mirar afuera (aunque la Luz, el color y el contraste del paisaje se entretejan con las sonrisas y las curiosidades de niños y jóvenes, y terminen seduciéndome) .
Algunas ventanas están cubiertas con cortinas para no perder la atención de los estudiantes y favorecer la imagen proyectada en el tablero, todos mirando al frente, como siempre ha sido.
Paso caminando por un pasillo infinito; miro al interior de las aulas y en cada una de ellas las filas de pupitres se conservan, una tras otra, sin contacto visual y emocional. El escritorio del profe adelante ocupando un gran porción del espacio del salón, justo al lado de su gran hoja en blanco, lista para llenar!
Y en ese sentido, las cosas no han cambiado mucho: la proyección de imágenes digitales o la escritura con tiza o marcador en el tablero, no son una ruptura suficiente para que los roles de cada uno de los participantes en el espacio educativo, puedan dar cuenta de una transformación significativa, de acuerdo con las condiciones tan cambiantes de nuestras sociedades de hoy.
Aunque existen esfuerzos y experiencias que salen a flote de esta estructura tan tradicionalmente inmóvil de los centros escolares, el reto de estar a la par del movimiento planetario es aún, para muchos, una meta inalcanzable.
Por ejemplo, si volvemos al Cole, al mío, es algo angustiante pensar que será por muchos años el mismo espacio educativo, los mismos salones adjudicados a los profes que envejecen con su armario lleno de papeles que nunca más van a utilizar, cada vez más sensibles ante el movimiento de un pupitre, la introducción de tecnologías y las responsabilidades (de tener el objeto) que viene con ello. Para muchos es difícil pensar en espacios educativos abiertos a experiencias diversas de aprendizaje, pues esto implica “desacomodar” las rutinas escolares.
Sin embargo, con algunas experiencias implementadas como la disposición de mesas en grupos, el cambio de espacios “especializados” para profundizar los aprendizajes de otros campos, el diseño de estrategias que obligan la integración y circulación de la comunidad en distintos escenarios, incluso, el cambio de color en algunos muros; se ha logrado poner sobre la mesa la urgencia de un cambio en los espacios escolares, más aún, cuando cada vez más lo estudiantes, la comunidad educativa y la sociedad en general, presionan sobre los aprendizajes que se requieren hoy para estar más dispuestos a afrontar los retos del mañana.

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#EduEspacios

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